"No hay que perder de vista que el corrector no es el autor de los textos"



25 de enero de 2018

Volver a...

Las expresiones volver a recaer, volver a repetirse y volver a reanudarse son redundantes si se refieren a la primera recaída, repetición o reanudación, respectivamente.
De acuerdo con el Diccionario panhispánico de dudas, volver a + infinitivo es una perífrasis que indica la repetición de la acción expresada por el segundo verbo. Por ello, se recomienda evitar el empleo redundante en el que en ocasiones se incurre con verbos que ya expresan repetición, como recaer, recomenzar, rehacer, repetir, reanudar, etc.
De este modo, en el primer ejemplo, para referirse a la primera recaída lo apropiado es decir volver a caer o recaer y no volver a recaer. En cambio, si la persona se cura y tiempo después enferma por tercera vez, entonces sí podría hablarse de volver a recaer. Algo parecido se puede decir de los otros verbos mencionados.
Por consiguiente, en los ejemplos anteriores lo adecuado habría sido «Su madre le donó un riñón y el joven, ahora en la cárcel, corre el riesgo de recaer en la insuficiencia renal», «Solo han llegado a clasificarse una vez para el Mundial y ahora quieren repetir la hazaña» y «El tráfico del metro se ha reanudado después de varias horas paralizado por el atentado», pues en los tres casos se refiere a la primera recaída, repetición o reanudación.
Sí puede resultar apropiado, por ejemplo, «Ha vuelto a repetir lo que viene diciendo desde que ganó las elecciones», pues no solo hay una repetición previa, sino que se puede querer enfatizar que algo se ha dicho muchas veces de modo insistente.

Fuente: fundéu.es

16 de enero de 2018

Romance, su etimología

Se dice de las lenguas modernas derivadas del latín, como el español, el italiano, el francés, el rumano y el portugués, por mencionar solo lenguas nacionales. También el idioma español, que es una de las lenguas romances, se llamó así en cierta época.

En español se llamó romance la novela o libro de caballerías en prosa o en verso, pero novela se traduce al portugués como romance. Existe, asimismo, una composición métrica de origen español, llamada romance, que consiste en repetir al final de todos los versos pares una misma asonancia y en no dar a los versos impares rima alguna.

En su origen, romance era una historia contada en latín, en la lengua de Roma. Cuando el idioma que se hablaba en Francia se tornó claramente diferente del bajo latín –como ocurrió con el español a partir del siglo X–, los franceses llamaron romanz a la lengua naciente, para indicar así que se trataba de un idioma que provenía del latín. Esta palabra se formó a partir del latín romanicus, que procede, a su vez, de romanicé, derivado del nombre de la Ciudad Eterna, aplicado al habla de sus habitantes y, posteriormente, a las lenguas desarrolladas en las naciones de cultura latina.

Romance aparece ya en el Cantar de Mio Cid. A las obras de la narrativa medieval, desde las novelas de caballería, se las llamó también romance en varias lenguas derivadas del latín, como el francés (roman), el portugués (romance). Sin embargo, en nuestra lengua conquistó tempranamente la preferencia para las narraciones literarias la voz novela, del italiano novella (noticia, novedad), que fue recogida por Nebrija en nuestro primer diccionario.

El origen de romántico es similar: palabra formada a partir del francés romantique, que significaba 'novelesco'; 'romántico', derivó de la palabra inglesa romantic, que en el curioso juego de idas y vueltas de las lenguas europeas, provenía del francés romant, una variante de roman.




Fuente: elcastellano.org

11 de enero de 2018

Interjecciones, cómo escribirlas y usarlas de manera correcta

La RAE define interjección como la clase de palabras invariables, con cuyos elementos se forman enunciados exclamativos, que manifiestan impresiones, verbalizan sentimientos o realizan actos de habla apelativos.


Hay interjecciones propias, que son aquellas que no derivan de otras palabras y expresan una emoción pura; la forma correcta de escribirlas es la que procede a continuación:



¡Ah! (asombro).
¡Ajá! (aprobación).
¡Arre! (orden de avance al caballo).
¡Ay! (dolor).
¡Bah! (desprecio).
¡Buah! (asombro, incredulidad o sorpresa).
¡Buu! (desprecio).
¡Caray! (sorpresa).
¡Cáspita! (contrariedad).
¡Che! (atención, saludo o queja).
¡Ea! (aprobación).
¡Eh! (apelación).
¡Equilicuá! (solución).
¡Eureka! (solución).
¡Ey! (llamada).
¡Guau! (asombro).
¡Guay! (alegría).
¡Hala! (asombro).
¡Hale! (asombro).
¡Hola! (saludo).
¡Hurra! (alegría).
¡Huy! ( asombro, sorpresa por algo insólito. Según la RAE se puede escribir con hache o sin ella).
¡Jaque! (orden de ataque).
¡Jo! (lamento).
¡Oh! (sorpresa).
¡Ok! (aprobación).
¡Olé! (aprobación).
¡Ojalá! (deseo).
¡Oops! (disculpa).
¡Puaj! (asco).
¡Puf! (contrariedad).
¡Sh! (orden de silencio).
¡So! (orden de parada al caballo).
¡Uf!( sirve para denotar cansancio, fastidio o sofocación).
¡Yupi! (alegría).


Y también existen interjecciones impropias, que son aquellas que proceden de otras palabras, verbos, adjetivos, nombres, etc. Por ejemplo:


¡Anda! (sorpresa).
¡Caracoles! (sorpresa).
¡Caramba! (sorpresa).
¡Cojonudo! (aprobación).
¡Cielos! (lamento).
¡Diablos! (lamento).
¡Genial! (alegría).
¡Rayos! (contrariedad).
¡Recórcholis! (sorpresa).
¡Tongo! (engaño).
¡Toma! (reproche o ánimo).
¡Vamos! (ánimo).
¡Viva! (alegría).

Ah, y a no olvidarse de ¡poner siempre los signos exclamativos de apertura y de cierre!